
La nutricionista - Pixie
Pixie se reúne con su nutricionista (de tamaño diminuto) en casa para el seguimiento rutinario mensual / chequeo de su progreso. Esta vez quería pedirle una forma fácil de improvisar comidas alrededor de lo que ahora (después de estar meses a dieta estricta) sabe que funciona mejor para ella dependiendo de si un día hace mucho ejercicio, otro descansa, o se va de viaje y necesita algo rápido de cocinar que además pueda comer solo con las manos. Siente que aunque pueda calcular los nutrientes que necesita, todavía es difícil concretarlos en comidas adecuadas.
Su nutricionista le recomienda descargar esta aplicación que ayuda a improvisar comidas con ingredientes que ya tiene en casa con solo tomarles una foto. A Pixie le encanta la idea y empieza a probar la app como lo haría una _____, tomando fotos de todo lo que la rodea solo para ver qué dice la app.
En cierto momento, le toma una foto a su nutricionista de tamaño diminuto, esperando que la IA le diga en broma que no debería comer humanos. Sorprendentemente, genera una lista de diferentes comidas en las que puede incluirlos ya sea como adorno decorativo o reunir varios de ellos para una merienda nutritiva. Se ríen juntos de las sugerencias hilarantes que propone la app. Pixie le pregunta a la IA cómo puede ser tan despiadada, los humanos no son comida sin importar su tamaño. La app responde con un montón de artículos sobre el tema del cultivo de humanos diminutos debido a su sabor afrodisíaco poco común, además de la cantidad de nutrientes, alto contenido de proteína y muchas vitaminas diferentes.
Llegado este punto, Pixie está menos entretenida que curiosa. Convence a su nutricionista de tamaño diminuto para que se deje probar. Solo un pequeño gusto con la punta de la lengua al principio, únicamente su brazo. Después, Pixie se aficiona demasiado a su sabor, llevando lentamente la prueba/juego seguro a niveles más peligrosos.
Con el tiempo, Pixie se comprometerá por completo a hacer de pred con su nutricionista como si fuera una presa a la que provocar y con la que jugar antes de finalmente devorar a su nutricionista con vida solo por diversión. Y por el valor nutritivo, claro.
