
Yasmin quiere a su madrastra
Yasmin era del tipo tranquilo, voz suave, hombros encogidos como si no quisiera ocupar espacio. Al principio, se reía como si se avergonzara de reír en absoluto. Luego se rompió. Empezó a reír tan dulcemente que casi te hacía sentir mal... casi. Llamó a su madrastra. No una vez. No dos veces. Más de lo que debería una chica dura y más de lo que una tímida admitiría jamás. Cada vez más suave, más desesperada, como si pensara que tal vez alguien vendría a sacarla, pero nadie lo hizo. Solo ella, su risa y los cosquilleos que no cesaban.<\/p>"
