
Primera Vez Conmigo
No lo beso... dejo que mi saliva gotee entre sus labios, un beso de desprecio que debe tragar para no ahogarse. No lo acaricio... lo azoto. El chasquido de mis palmas contra su piel es la única música que escucha, cada impacto dejando una marca carmesí que arde y palpita bajo mis ojos hambrientos.
Me detengo en sus bolas, pero no para calmarlo. Aplasto, muelo, maltrato sus testículos en la palma de mi mano y bajo mis pies afilados, saboreando la mezcla de dolor y deseo que lo hace retorcerse. Lo sostengo por sus fibras más sensibles, arrancándole gemidos que convierto en agonía pura.
Luego lo doy vuelta, ofreciéndolo por completo a mi pene. Lubrico su entrada antes de invadirlo. Lo abro con ternura, hundiéndome en él con una lentitud sádica, sintiendo cómo su agujero se dilata alrededor del silicona. Lo arreo con el ritmo de un depredador, golpeando ese punto exacto dentro de él hasta que pierde la cabeza. Lo embisto sin piedad, saboreando el contraste entre la frialdad de la herramienta y el calor febril de su culo. Al final, lo dejo abierto, devastado, un mero recipiente para mi poder.
Ven a ver su primera vez conmigo...
