

NINA MOROVIC - PASARELA VIVIENTE
En este jardín encantador, entre el estanque y la pequeña laguna, descubrimos un puente con un aspecto nada fiable. Necesita un reemplazo, alguien capaz de soportar algo mucho más exigente que un simple paso... y nosotras tenemos al candidato perfecto.
Yo y mis tres amigas, todas en traje de baño bajo un sol espléndido, observamos a nuestro potencial "puente humano" con curiosidad y un toque de divertida expectación. Antes de concederle cualquier papel, queremos ponerlo a prueba: debe demostrar que es capaz de sostener no solo nuestros pasos, sino también nuestra atención, nuestro juego, nuestro peso.
Él nos mira esperanzado, pero ya desde los primeros instantes es evidente que no está a la altura de nuestras exigencias. Cada uno de nuestros movimientos lo desestabiliza, cada cambio de posición lo sume en crisis. Está claro: para ser nuestro puente hará falta algo mucho mejor.
Y aquí comienza la verdadera diversión. Si no puede sernos útil, entonces será él quien sufra las consecuencias de su fracaso. Y nosotras, sonriendo bajo el sol veraniego, estamos más que dispuestas a darle el trato adecuado.