
CONSAGRACIÓN DE MEDIANOCHE
Observaste.
No porque fueras invitado. No porque estuvieras listo. Observaste porque no podías apartar la mirada.
Este es el rito que preparó el terreno sobre el que ahora estás de pie. Una consagración. El templo siendo preparado. El espacio siendo abierto. Cada palabra, cada gesto, cada respiración, no para ti. Todavía no. Tú eras el testigo. El que estaba fuera de la luz y la veía moverse.
Y algo te ocurrió mientras observabas. Algo que no puedes nombrar. Sentiste cambiar la habitación. Te sentiste cambiar dentro de la habitación. No participaste. No hablaste. Simplemente fuiste testigo, y ser testigo fue suficiente.
Esa era la puerta. Ya la has atravesado.
Solo que no recuerdas haberla cruzado.
